Sinopsis
Abril Evans tiene dieciséis años y una certeza incómoda: el agua la obedece. No mucho, no siempre, pero lo suficiente para no contárselo a nadie.
La tarde en que el móvil se le resbala de las manos y la pantalla se agrieta, algo del otro lado se agrieta con ella. Abril cae hacia un arrecife imposible donde los peces conocen su cara, un delfín la espera como si llevara años haciéndolo y sus propios dedos se abren en membranas que no recuerda haber tenido.
Abajo hay una ciudad que la reclama como suya. Arriba, una madre que nunca quiso hablar del mar. Y entre las dos orillas, una pregunta que Abril tendrá que responder antes de que el agua la responda por ella.
Texto provisional. La sinopsis definitiva la firmará la autora.
Primer capítulo
Capítulo 1 — La grieta
La pantalla se rompió a las siete y cuarto de la tarde, y lo primero que pensó Abril no fue en el dinero ni en su madre: fue que la grieta tenía forma de ola.
Estaba sentada en el borde de la bañera, con los pies dentro y los vaqueros arremangados, porque era la única postura del mundo en la que conseguía pensar. El móvil hizo lo que hacen los móviles: resbalar. Golpeó el azulejo, rebotó y quedó boca arriba, encendido, con el cristal partido en un abanico de líneas finísimas que salían de una esquina y se abrían hacia el centro como espuma.
Abril lo recogió. Y el cristal estaba mojado por dentro.
No por fuera. Por dentro. Bajo la superficie rota había agua moviéndose, agua de verdad, con esa luz temblorosa que solo tiene el mar cuando lo miras desde abajo. Se acercó tanto que le empañó la cara y entonces algo cruzó la pantalla: un destello naranja y blanco, rápido, vivo. Un pez payaso, pensó, con la parte tonta del cerebro. Un pez payaso dentro de mi teléfono.
Metió un dedo.
No debería haber podido. El cristal cedió como cede la superficie de un charco, sin romperse más, y el frío le subió por la muñeca, por el codo, por el hombro, y de pronto Abril Evans ya no estaba en un cuarto de baño de un cuarto piso sin ascensor, sino cayendo de espaldas en un azul que no tenía fondo.
Lo raro no fue caer. Lo raro fue que no le hicieran falta los pulmones.
Abrió la boca para gritar y lo que entró fue agua, y el agua no la ahogó: la atravesó, limpia y fresca, como si siempre hubiera estado hecha para eso. A su alrededor el arrecife se encendió en corales rojos, morados, amarillos. Un caballito de mar se quedó suspendido a un palmo de su nariz, mirándola con esa seriedad de anciano que tienen los caballitos de mar.
Y entonces se miró las manos.
Entre los dedos, tensa y translúcida como el ala de una libélula, había una membrana que atrapaba la luz y la devolvía en rosas y en verdes. Abril abrió y cerró la mano despacio. La membrana se plegó y se desplegó, obediente, suya.
—Vale —dijo, y su voz sonó dentro del agua igual que sonaba dentro del aire—. Vale. Esto está pasando.
A su izquierda, algo grande y gris se movió entre las columnas de coral. Abril se giró y se encontró con un delfín parado a tres metros, la mandíbula entreabierta en esa mueca suya que siempre parece una carcajada.
El delfín ladeó la cabeza. Chasqueó dos veces. Y Abril, que no había oído un chasquido de delfín en su vida, entendió exactamente lo que le estaba diciendo:
Por fin. Te estábamos esperando.
Fragmento provisional. El capítulo definitivo lo firmará la autora.
La autora
Yaumara Sanabria Llames es la autora de Abril Evans, ¿humana o sirena?, su primera novela.
Puedes conocerla, leer sus notas sobre el libro y seguir sus próximas publicaciones en su web oficial.
Biografía pendiente de la autora.
Reseñas
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Llévate el libro
Abril cruzó la grieta. Ahora te toca a ti.
La venta se gestiona desde la web oficial de la autora.